"La La Land": Bailad, bailad benditos

El director de la extraordinaria Whiplash (una de las operas primas más redondas en muchos años) ha realizado un musical sin grandes canciones ni bailes deslumbrantes. Pero ha hecho una película sobresaliente con un guión delicioso y dos actores adorados por la cámara desde el primer fotograma. De Emma Stone no me sorprende (viene de lejos), pero de Ryan Gosling... Este actor es uno de los mejores de su generación, pero llevaba tiempo encasillándose peligrosamente en cine de arte y ensayo, empeñado en repetir su rostro hierático que hizo furor en la sobrevalorada Drive, y que repitió en películas tan insoportables como Sólo Dios perdona.

En La La Land, Ryan Gosling cobra vida, canta, baila y sonríe. Y todo lo hace a la perfección en un homenaje al idealismo, al cine clásico, al color. Con Ryan Gosling y Emma Stone, que sólo ponerlos delante de la cámara ya tiembla el castillo, es más sencillo de lo que parece hacer una gran película. Es como pasarle la pelota a Messi o a Iniesta; sabes que lo rutinario es la magia.



Con mucha habilidad la película crítica un modo de concebir el arte simplemente utilitarista. Ahí es dónde La La Land logra algunos de sus momentos más geniales. En los conciertos que tiene que dar él y los castings que tiene que padecer ella. Con un humanismo tierno, matizado, luminoso pero contrastado con los inoportunos grises, las dos horas de metraje son un verdadero placer para el espectador. Un placer diferente y muy personal que logró 14 nominaciones a los Oscar (algo que sólo habían conseguido Eva al desnudo y Titanic).

Una peli maravillosa para disfrutar en una pantalla grande.

Calificación: 9

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